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Textos difíciles, academicismo y palabrería

Si veo un texto complicado y duro de entender, ¿me puedo fiar?
Depende. Te cuento aquí.

Los cinco "desconfía" de los textos difíciles de entender

1. Introducción

Cualquiera, por muy académico, experto o intelectual que sea (o no), alguna vez se ha topado con un pedazo de tocho lo suficientemente enrevesado, largo o ininteligible como para obligarle a cerrarlo, meterlo en el armario de criar polvo, y no volverlo a abrir jamás.

Si uno tiene un poco de inquietud científica, este asunto se dispara hasta el máximo. Las bases de datos están plagadas de textos científicos (otros no tan científicos) que usan lenguajes complicados, frases larguísimas y multitud de conceptos abstractos en sus redacciones.

-¿El documento que se presenta por usted en la junta es el que ayer se reconoce por la comunidad de propietarios que es el presentado? (fuente)

-¿Mande?

Esta tendencia se comprende muy fácilmente si hablamos de algunas áreas como filosofía, sociología, políticas, historia, derecho, etc, las cuales llegan hasta el absurdo de la complejidad del lenguaje de forma que sólo unos pocos expertos concienzudos especializados puedan acceder a ese conocimiento.

Y no digo, repito, NO digo que todos los textos complejos puedan no serlo. Sólo expongo algo que ya se ha descrito anteriormente, y es que puede ser que haya una determinada tendencia en ámbitos intelectuales a no facilitar la difusión por medio de un lenguaje fácil de comprender.

2. Un buen antecedente

En 1999, Sokal y Bricmont publicaron el libro Imposturas intelectuales1. En él describen cómo muchos supuestos intelectuales o científicos resultan no serlo tanto y esconden su falta de método o conocimiento detrás de un lenguaje enrevesado y difícil de entender.

Este libro fue muy discutido, tanto a favor como en contra desde un plano epistemológico, sin embargo, uno de sus autores, Sokal llevó su idea un poco más lejos y desarrolló un supuesto artículo científico muy complejo de leer, pero plagado adrede de invenciones propias y faltas de lógica: “Transgresión de las fronteras: hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica”.

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Dicho artículo fue publicado en una prestigiosa revista estadounidense llamada Social Text, en un número especial de 1996, y mantenido hasta que el propio autor desveló la broma.

 

Este hecho sirvió para que muchos autores2 se replantearan la calidad de los criterios de revisión de las revistas científicas así como el prestigio del que gozan muchas de ellas.

Más recientemente, Contandriopoulos3 publicó un artículo sobre lo que describe como “bullshit4 en enfermería. En él defiende que los lenguajes excesivamente abstractos o rebuscados pierden el enlace con la realidad empírica, plagando la bibliografía científica de textos demasiado ambiguos y, en realidad, tramposos.

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En smbc-comis lo tienen claro (enlace en la imagen)

No es un tema sencillo de investigar, hay autores5,6 que siguen debatiendo sobre cuál es el rango de “bullshit”, cuál es la necesidad de un lenguaje más comprensible, y qué puede esconder todo eso de escribir de forma más o menos sencilla.

Por último, también pasa que el lenguaje innecesariamente enrevesado puede provocar falta de confianza7 en quien lo lee (a mí me pasa). El estudio de Daniel Oppenheimer «Consequences of Erudite Vernacular Utilized Irrespective of Necessity» (blabla, palabras difíciles sin necesidad) demostró precisamente eso, que los estudiantes que veían ese lenguaje excesivamente enrevesado tendían a desconfiar del contenido más que leyendo el mismo texto con un lenguaje comprensible.

3. Posibles causas

Antes de seguir, hay que aclarar una realidad: determinados temas son complejos. Hay áreas que tienen términos específicos de la materia además de las jergas características de la disciplina (ejemplos de físicabiologíageología o matemática).

Y también, dentro de la rama matemática, es complicado entender la metodología de los estudios, con los análisis estadísticos y las descripciones hechas para aquel que sabe de lo que se está hablando. Y no hay más, es difícil.

Incluso, pensando más allá, quizá un investigador, escritor o académico que se dedique a manejar conocimiento y utilice un lenguaje muy desarrollado, simplemente se encuentra más cómodo detallando en la manera en la que a él le surge.

Así, mientras no tenga otro aliciente como la necesidad de vender, convencer o difundir su trabajo a más personas, simplemente no se molesta en intentarlo.

Y, también puede ocurrir, que algunos académicos creíbles y expertos en su materia renieguen de los lenguajes sencillos que favorezcan la difusión. Es legítimo, están en su derecho y hacen una labor de cuidado de la complejidad del lenguaje.

En este vídeo (minuto 51.3) vemos cómo Juan Eslava Galán describe esta situación en el ámbito de los historiadores.

Sin embargo, como se explica en los trabajos mencionados antes1,3 , es posible también encontrar otro motivo mucho más discutible para volverse rimbombante e incomprensible: disfrazar con lenguajes complejos los conocimientos inestables que tienen poca fundamentación para que, haciendo ésto, adquieran un tono serio y digno.

Las bases de datos y las bibliotecas están plagados de trabajos más o menos académicos que tiran de este recurso. Y no hablemos de internet. Por eso a veces es tan difícil discernir entre qué es complejo y además se expresa así, y qué es simplemente morralla disfrazada de sabiduría.

Si parece más difícil, adquiere un valor de importancia. Es un sesgo claro pero útil, puesto que da una impresión superficial de complejidad, y eso le hace tener valor para quien no lo investiga a fondo o conoce de antemano.

Además, cuando los lenguajes son difíciles y el contenido no se entiende, uno puede dudar entre si es realmente malo o si es uno mismo el que no tiene ni idea. Y a nadie le gusta reconocer su ignorancia, así que quizá sea más fácil validarlo, no exponerse a ser reconocido como inculto y ya está. Esta posibilidad entra dentro del sesgo de la deseabilidad social.

Nos ha pasado a todos.

También puede pasar que la búsqueda del conocimiento no sea profunda, sino que superficialmente vamos a la conclusión y si ésta coincide con nuestras creencias anteriores en alguna medida, pues ya está. Es fácil de aceptar porque valida algo que ya sabíamos (o creíamos que sabíamos).

Por último, también puede deberse a que los conceptos amplios y difusos en frases largas y anodinas, al ser muy poco precisos, se puedan entender con un significado y también con el opuesto. Así se ahorran muchos problemas, cualquier matiz puede encajar dependiendo de la persona que lo lea.

Y a veces puede que todo lo anterior ocurra a la vez.

4. Los cinco "desconfía"

En política suele haber ejemplos muy claros de divagación cuando se les pregunta sobre un tema que no quieren contestar, pero no ocurre sólo ellos. Es muy fácil encontrar esa misma tendencia en otros muchos sitios: en el coaching, en la cienciologíavendedores que no dejan muy claro lo que venden, o cualquier tipo de producto milagro que no se sostiene demasiado (aunque reconozco que este último producto milagro es tan burdo que casi parece una broma).

Como hay un alto número de personas que utilizan este lenguaje abstracto, enrevesado y rimbombante para disimular que, en realidad, no tienen mucho que decir, voy a señalar algunas claves (muy parecidas a las que había que tener en cuenta con los coachs) que pueden servir para desconfiar de ellos:

  • Desconfía de las frases con poca concreción, conceptos muy abstractos (que no se hayan detallado antes) o que pueda significar una cosa y su contraria.
  • Desconfía de todo lo que apele a tu emocionalidad para fundamentar su discurso.
  • Desconfía de lo que tenga una tasa de éxito total, fácil, asegurado y/o rápido.
  • Desconfía de la falta de fundamentación, pruebas o reconocimientos de entidades serias.
  • Desconfía de los mensajes cortos. Los temas complejos no se resumen bien en una o dos frases.

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Y poco más. No hay una forma mágica de detectar y analizar perfectamente cada mondongo. Uno tiene que tener en cuenta las claves y entrenarse para mejorar.

5. Referencias

  1. Sokal, A. D., & Bricmont, J. (1999). Imposturas intelectuales. Barcelona: Paidós.
  2. Casal, G. B. (2003). Evaluación de la calidad de los artículos y de las revistas científicas: Propuesta del factor de impacto ponderado y de un índice de calidad. Psicothema, 15(1), 23-35.
  3. Contandriopoulos, D. (2019). About academic bullshit in nursing. Nursing inquiry, 26(1), e12277.
  4. Rice, J. (2015). Introductory Bullshit. Rhetoric Society Quarterly45(5), 462-464.
  5. Dalton, C. (2016). Bullshit for you; transcendence for me. A commentary on” On the reception and detection of pseudo-profound bullshit”. Judgment and Decision making, 11(1), 121.
  6. Barr, N., Pennycook, G., Cheyne, J. A., Koehler, D. J., & Fugelsang, J. A. (2016). It’s Still Bullshit: Reply to Dalton (2016). Judgment and Decision Making.
  7. Oppenheimer, D. M. (2006). Consequences of erudite vernacular utilized irrespective of necessity: Problems with using long words needlessly. Applied Cognitive Psychology: The Official Journal of the Society for Applied Research in Memory and Cognition20(2), 139-156.

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